La reforma constitucional que será puesta a consideración NO ES LA SOLUCIÓN.

La campaña realizada que usó, y usa, nuestro miedo denominada “Vivir sin miedo” se enmarca en un muy triste contexto, nacional e internacional, que refleja un incremento de la violencia y la delincuencia del cual no somos ajenos.

Este contexto ha sido caldo de cultivo para este tipo de “soluciones” basadas en la inflación punitiva, el control, la mano dura y la represión que han demostrado no sólo su ineficacia, no solucionando los problemas de seguridad, sino que, agravando aún más la situación en una escalada de una violencia generalizada.

Esta forma de concebir la seguridad social se descontextualiza de otros fenómenos de la sociedad vinculados a la desigualdad, la fragmentación social, el acceso a la cultura, la educación y las necesidades básicas, cuando son las carencias en estos aspectos los que generan una sociedad más violenta.

Se sostiene y construye como medida aislada dentro de una burbuja que desconoce, o no le importa, que la represión separada de la educación y la desigualdad social está dirigida a un estrato social de nuestra población que hace foco en la periferia y oculta lo central.

Las reformas planteadas que introducen, entre otros puntos, los allanamientos nocturnos, consideramos elevarán los niveles de violencia territorial en nuestro país y sobre todo en los sectores más vulnerables y empobrecidos.

Basta analizar la población carcelaria en nuestro país que hoy conforman el lastimoso número de 11.000 presos y presas, duplicando la cantidad desde el 2006 y ver que, en su inmensa mayoría, son personas pobres, de contextos vulnerables, de entre 20 y 29 años. ¿Qué nos indica esto?

¿Estamos más seguras y seguros hoy que en 2006? ¿Seguir utilizando recursos públicos para crear más y más cárceles nos garantiza la seguridad?

Entendemos que no, es más, generara más VIOLENCIA DESIGUAL de las que no salen en las noticias.

Hay vastas experiencias en nuestro continente y la región que así lo demuestran; entre ellos, pudiendo observar la dura realidad que viven los pueblos de Brasil y Colombia donde no sólo aumentó la inseguridad y violencia, sino que hay ya, un gran número de activistas sociales desaparecidos y asesinados como consecuencia de la implantación de duros modelos de seguridad y represión.

También, como clase trabajadora debemos tener memoria y recordar los penosos y tan duros momentos que pasaron tantos compañeros y compañeras cuando la militarización era la solución y cuando los derechos se pisoteaban bajo la vil excusa de la seguridad social. Esta reforma introduce los allanamientos nocturnos, pisotea derechos y nos trae pesadillas de un pasado al que no queremos volver.

Militarizar la seguridad implica un aumento de la violencia porque las Fuerzas Armadas no están formadas, ni su objetivo es garantizar la seguridad interna de una nación; por el contrario, está ampliamente demostrado que los países más seguros son los que presentan mayores índices de educación, distribución de la riqueza y acceso a la cultura.

Como trabajadores y trabajadoras de la enseñanza estamos convencidos firmemente en la acción pedagógica como acción transformadora, capaz de inclinar la balanza e incidir en el curso de la conformación de una sociedad menos violenta y con mayor equidad; porque nuestra perspectiva de cambio en la problemática no desconoce la desigualdad y la falta de oportunidades, sino que la integra y pondera al momento de construir una propuesta.

Nos preocupa la inseguridad social y nos da inseguridad la seguridad militar de nuestra sociedad.