Aporte de Sintep para el XIII Congreso del PIT- CNT

Compañeras y compañeros, les dejamos el aporte presentado por nuestro sindicato para la discusión política en el próximo congreso del PIT- CNT.

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APORTE PARA EL XIII CONGRESO DE LA CNT

 I) VALORACIONES GENERALES

1. La construcción colectiva del balance y de las perspectivas es un momento bien importante para la unidad entre teoría y práctica.

Estas dos dimensiones de la praxis van siempre juntas; pero no siempre se ve de modo tan fuerte y tan clara su unidad concreta.

Darse cuenta de esa unidad es clave en la formación de la conciencia de clase y por tanto es un factor de esclarecimiento pedagógico sobre el papel que le toca jugar a la clase trabajadora en la cuestión social.

Bajo esta consideración general reforzamos enfáticamente la necesidad de la profundidad clasista, democrática, y participativa de los debates políticos e ideológicos del Congreso.

 

El Congreso es la máxima instancia de decisión de nuestro movimiento sindical y es por tanto, un espacio relevante de participación democrática de las y los trabajadores en la construcción política de su unidad.

Sabiamente los fundadores de nuestra CNT establecieron por estatuto que memoria, balance y perspectivas formaría la columna vertebral del debate del congreso. Y un debate de esa naturaleza es eminentemente político, de unidad entre teoría y práctica.

 

Todo análisis político tiene una práctica política detrás y sobre todo supone una práctica política por venir. Asimismo toda práctica política que pretenda incidir en la realidad que le toca actuar, debe estar nutrida por una reflexión que de orden y valorización a las circunstancias que configuran el conflicto social sobre el que se está interviniendo.

En suma, el Congreso es una instancia eminentemente política, de carácter estratégico para la unidad de acción y para la democratización del movimiento sindical.

 

Poner bajo análisis colectivo el proceso social transcurrido en el último período, la forma general que asumió la lucha de clases en él mismo y los modos en que actuó el movimiento sindical en esa lucha, es una forma de reflexión de características estratégicas.

Lo es porque da cuenta nada más ni nada menos que de un modo de construir conocimiento al servicio de la clase y sus intereses superiores, ayudando decididamente a determinar su orientación general, sus objetivos y sus modos de acción principales.

 

En tal sentido el Congreso y todas sus circunstancias preparatorias nos ofrecen una gran oportunidad política para potenciar la discusión colectiva y la unidad de acción; ganando-de ser así- en conciencia y en disposición militante.

Debe ser un Congreso que aproveche al máximo sus posibilidades organizadoras y politizantes, poniendo en movimiento a nivel de base un gran proceso de participación y discusión colectiva en todo nuestro movimiento sindical.

En suma, el Congreso lo debemos asumir con mucha responsabilidad política, organizativa y simbólica, porque es-nada más ni nada menos-una experiencia de primer orden de importancia en la acumulación de fuerzas dentro de la clase y un factor clave en la participación de los trabajadores en la lucha de clases.

 

II SOBRE EL BALANCE

a) Características generales del balance

2. Un balance general es un modo de aprendizaje sobre lo ya hecho. Sobre lo que pasó en términos de correlación de fuerzas de la lucha de clases.

Es poner en la balanza reflexiva las condiciones objetivas y subjetivas, los avances y retrocesos de cada coyuntura, las amenazas y los desafíos que traen consigo las dinámicas del conflicto de clase; así como las decisiones correctas e incorrectas que adoptamos como movimiento sindical para enfrentar ese conflicto.

Es una forma de reconocer y caracterizar el cómo estamos y porqué estamos como estamos.

Por tanto, el balance es una piedra angular para la elaboración de las perspectivas, o sea, para la confección del programa y de los pasos a dar; y sobre todo para determinar los objetivos que van a orientar esos pasos.

Aquí, nuevamente, se ve claramente la unidad entre teoría y práctica de los debates políticos a los que nos debemos abocar en el marco del Congreso.

b) Elementos sobre la situación internacional y lucha de clases en el mundo

3. El siglo XXI arrancó con un claro predominio mundial del sistema capitalista.

Su proceso de expansión mundial no reconoce al corto plazo un antagonista con proyecto alternativo para superarlo y dejarlo como muestra pretérita de la incapacidad histórica de la humanidad para organizarse de una forma civilizatoriamente armoniosa consigo misma y con el medio.

Esta circunstancia actual de la correlación de fuerzas de la lucha de clases a nivel internacional, significa que el proyecto del capital está a la ofensiva y eso pone en riesgo severo las condiciones para la sobrevivencia de la humanidad y el planeta al mediano-largo plazo.

4. La ofensiva capitalista en curso tiene por tanto características hegemónicas, pero no por ello sin resistencias ni formas de lucha que la contradigan.

Las consecuencias devastadoras de la búsqueda insaciable por las ganancias que caracteriza el modo capitalista de organización de la sociedad se diseminan por el mundo entero, así como las resistencias de los pueblos a la desigualdad, la exclusión y la violencia opresiva que impone las relaciones sociales mercantilizadas.

5. En este contexto de resistencias y luchas defensivas contra el caos social del capitalismo, nuestro movimiento sindical reafirma su compromiso internacionalista, ubicándose siempre del lado de los oprimidos que luchan contra el imperialismo y la explotación, a favor de un proyecto social emancipatorio, respetuoso de las personas y sus derechos, así como del ambiente y de las condiciones necesarias para su reproducción.

6. Las principales características del comportamiento del proyecto del capital en lo que podemos denominar como su última fase de acumulación, se pueden identificar en el carácter combinado de los siguientes factores: crisis de sobre-producción (y sub-consumo), acumulación por desposesión, predominio del capital financiero sobre las otras fracciones del capital y hegemonía del neoliberalismo como doctrina económica.

7. Vivimos aún en un mundo unipolar aunque con tendencias multipolares consolidadas y en crecimiento.

Desde el desmembramiento de la URSS y el bloque soviético entre 1989 y 1991 Estados Unidos se consolidó como potencia hegemónica indiscutida.

Este liderazgo mundial lo ejerce y articula EEUU como potencia imperial dominante, con socios menores y subordinados, como la Unión Europea, Japón, Israel, Australia y Canadá.

El Estado de EEUU es el gendarme de la burguesía mundial, al que se recurre siempre que sus intereses estén en riesgo, sea donde sea.

Por su parte, otros países con estrategias expansivas a escala global, como el caso de China, entran cada vez más fuerte al escenario de la disputa intercapitalista.

Claro ejemplo de esta política-tras el giro de la modalidad imperialista que le está imprimiendo Trump a la presidencia del gendarme mundial-es la acometida China buscando sustituir la conducción de EEUU al proceso de conformación de la llamada “Alianza del Pacífico”. Alianza que no es otra cosa que un nuevo mega acuerdo para destruir regulaciones ordenadoras y favorecer la conquista de una nueva geografía económica para el capital trasnacional.

8. La tendencia creciente aunque relativa a la multipolaridad intercapitalista no es un avance en la forma en que se distribuye el poder mundial. Es en realidad una forma de intensificación de las contradicciones propia de la lógica de acumulación capitalista.

Una intensificación de la lucha entre los polos de poder mundial por el control geopolítico internacional, con el único objeto de garantizarse para sí el acaparamiento de recursos y la consolidación excluyente de los factores de concentración del excedente productivo.

Este proceso de radicalización capitalista no tiene miramientos hacia las consecuencias sociales y ambientales que provoca su caótico frenesí, convirtiendo el mundo en un lugar cada vez más inhóspito, peligroso y desigual.

El capitalismo se ha convertido en la anti-utopía reaccionaria más peligrosa de la historia. La versión contemporánea del hombre lobo del hombre.

9. El capitalismo funciona esencialmente incrementando el capital; acumulando más y más valor de modo continuo. Por eso, por encima de las consecuencias antisociales y ambientales que provoca su forma de desarrollo, lo único que reconoce como estímulo es la tasa de ganancia.

Esta acumulación de capital presenta un carácter dual: (1) producción de plusvalía o reproducción ampliada; y (2) acumulación por desposesión u originaria.

En este sentido es que varios autores señalan que el capitalismo de los últimos 40 años se caracteriza por la acción combinada del incremento de la explotación en la relación salarial y la acumulación por desposesión.

El incremento de la explotación en la relación salarial supone desvalorización de la fuerza de trabajo y precarización laboral, desmantelamiento de la seguridad social y de las leyes y normativas que regulan las relaciones laborales.

Por su parte la acumulación por desposesión significa abrir nuevas áreas de reproducción social y territorios para inversiones de capital.

10. La forma política del capitalismo global contemporáneo sigue siendo un sistema global de múltiples Estados locales, inter-relacionados a través de un denso andamiaje de instituciones multilaterales, y no un Estado global.

Por eso todas las transnacionales se erigen sobre una base nacional que depende de un Estado local que garantiza su viabilidad, al tiempo que precisa de otros Estados que le proporcionen acceso a mercados de materias primas y trabajadores[1].

En la lógica transnacional “Norte-Norte” reviste gran importancia el comercio intra-industrial como modo de ampliar el mercado en el que realizar las mercancías que se producen. Mientras, en el intercambio “Norte-Sur” operan otras dinámicas, además de la explotación de recursos naturales y el acceso a fuerza de trabajo barata: a) permite “valorizar la chatarra”, o sea, que la maquinaria y equipo obsoleta en el Norte pueda seguir siendo utilizada en la producción industrial más arcaica del Sur; b) asegurarse en los mercados internos protegidos el suministro del mismo.

11. Asimismo el proceso de concentración de poder económico en manos del capital trasnacional viene en progresivo incremento, inclusive en desmedro del patrimonio público de los Estados de soporte.

En los últimos 50 años la privatización de la riqueza viene en un ascenso vertiginoso, pasando de representar 200%-350% del ingreso nacional en la mayoría de los países ricos en 1970, a 400%-700% en la actualidad.

Al mismo tiempo, en las últimas tres décadas el patrimonio público neto se achicó sensiblemente  en casi todos los países del mundo.

En países como Rusia el decrecimiento fue de 70 al 20% de la riqueza nacional.  En Japón, Alemania y Francia es apenas favorable mientras que en  Estados Unidos o Reino Unido se volvió directamente negativa.

El creciente poder económico y por tanto político de las trasnacionales no es una narración ideológica de los críticos al sistema capitalista, es una conclusión emergente de la evidencia que arroja el funcionamiento del mundo.

Esa monopolización ascendente del poder de acción real que tiene el capital trasnacional va configurando por la vía de los hechos una expropiación de derechos fundamentales de las personas, convirtiendo a las propias democracias liberales en lo que algunos autores dan a conocer como “democracias virtuales”.

12. La paradoja contemporánea es que, al mismo tiempo que el proyecto social del capitalismo ha ganado en hegemonía y control militar, político y subjetivo, las pruebas de su incapacidad congénita para resolver los problemas del mundo se hacen cada vez más evidentes y más graves.

Ya entrados en el siglo XXI y con capacidades productivas cada vez más desarrolladas, con más tecnología, ciencia e innovación al servicio de la producción en todos los niveles, el mundo se desgarra en una batalla por la sobrevivencia en la que la mayoría pierde.

13.El mundo capitalista produce tanta riqueza como desigualdad.

Recientemente, y ante el rechazo creciente a la crisis y a la desigualdad imperante en los países centrales, han surgido varias publicaciones[2] que evidencian el incremento de la desigualdad a escala global, especialmente en los países centrales.

Para el caso europeo se observa un aumento en la concentración patrimonial del 10% más rico de la población desde 1975, que pasó de controlar poco menos del 60% a un 65% en el 2010 (con cifras subestimadas por la proliferación de paraísos fiscales desde los años 80[3]).

Para EEUU, el patrimonio acaparado por las elites es aún mayor. Si se toma en cuenta el reparto del ingreso en varios países clave se constata que en todos, durante las últimas décadas, el 1% y el 0,1% más rico aumentaron su porcentaje de la riqueza.

Para el año 2016, la parte que captaba del ingreso nacional el 1% más rico era del 14%-15% en Canadá y el Reino Unido.

En el promedio de los países europeos el 1% más rico paso a controlar el 12% de los ingresos totales, el 10% en Australia, el 9% en Japón. En éste último país, “paradigma” del desarrollo tecnológico, el índice de pobreza infantil es del 16,3 %.

En Estados unidos el 1% más rico obtuvo el 23,8% de ingresos totales en 2016, otra cifra récord.

Eso representa un aumento del 20,3% respecto al 2013 y casi el doble que el punto más bajo, alcanzado en 1992.

El propio banco central de los EEUU (conocida como Fed) reconoció en su informe[4] que la distribución de la riqueza “se ha vuelto cada vez más desigual en los últimos años”.

En lo que respecta al 0,1% más rico, mientras en 1970 se apropiaba del 2% de ingreso nacional en Estados Unidos y el 1,5% en Francia y Japón, para el 2010 llegó al 10% (el 12% si se tienen en cuenta las plusvalías por acciones) en Estados Unidos y al 2,5%.en Francia y Japón.

Por otro lado, en China y Rusia el 1% más rico duplicó su participación entre 1995 y 2015, pasando de 15% a 30% en el primer caso y de 22% a 43% en el segundo.

14.La contracara social al acaparamiento de las riquezas y los ingresos se manifiesta en términos de destrucción masiva de vidas humanas y en una prolongada lógica de devastación ambiental.

La humanidad no está en crisis por la falta de recursos, está en crisis por el modo en que el capitalismo explota y distribuye esos recursos.

Por debajo de la fantasía y la alienación con la que el capitalismo alimenta las mentes, hay un mundo real, de carne y hueso, en el que hay 3500 millones de seres humanos que sobreviven a diario en el limbo social de la pobreza material y la exclusión de derechos.

Simultáneamente se estima [5]que, al ritmo vertiginoso en que se está comportando la concentración de la riqueza, en tan solo 25 años el capitalismo daría a luz a una persona que tendría que gastar un millón de dólares al día durante 2.738 años para gastar toda su fortuna.

15. En términos promedio, en los últimos 30 años la desigualdad de ingresos ha aumentado en el mundo entero.

Bajo los preceptos del funcionamiento de la lógica capitalista, el espectacular crecimiento económico mundial generado en ese periodo ha redundado en que el 1% más rico de la población mundial percibió dos veces más de ese nuevo ingreso que todo el 50% más pobre del mundo.

La indolencia del sistema social capitalista provoca que los seres humanos seamos capaces de soportar que en pleno siglo XXI haya más de 20 millones de personas viviendo en régimen de esclavitud.

La barbarie llega a tales extremos que la propia ONU ha  reconocido que solo en 4 países del mundo (Somalia, Yemen, Nigeria y Sudán) hay más de veinte millones de seres humanos que su vida pende de un hilo a causa de la falta de alimentos.

Mientras tanto en EEUU, donde existen más de 40 millones de pobres, se consumen el 30% de los recursos planetarios, aunque solo tenga el 5% de la población mundial.

Solo en Yemen hay 17 millones personas acechadas por el hambre y en Nigeria 7 millones tampoco tienen como alimentarse en las mínimas condiciones biológicamente necesarias para la salud.

Según el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, se requieren 4400 millones de dólares para instrumentar un plan de alimentación focalizado en la situación de los 4 países del llamado “cuerno de África”. Al mismo tiempo, el muro secesionista que pretende levantar Trump contra los inmigrantes pobres del sur, tendría un costo cercano a los 25.000 millones de dólares.

16. En suma; La mundialización capitalista es hoy una realidad tan indiscutible, como la desigualdad que provoca.

El capital se muestra como amo y señor del mundo, las personas y la vida misma. Hay un creciente poder mundial de las trasnacionales y un cúmulo intensificado de contradicciones inter-capitalistas por el acaparamiento de lo que queda del mundo

El capitalismo se mantiene en una ofensiva generalizada, en todos los rincones del planeta y en todos los niveles. Controla la producción de bienes y servicios, controla la producción y la aplicación del conocimiento científico, controla la política, la gran mayoría de los gobiernos y a las corporaciones mediáticas que controlan a su vez el flujo de información, digitando opiniones políticas  y las preferencias de consumo.

No menos cierto es que, bajo los imperativos de su lógica de funcionamiento, la actividad económica del mundo no para de crecer. Nunca como antes la humanidad tuvo tantas capacidades productivas desarrolladas como en la contemporaneidad.

El capitalismo puede decir, sin miramientos que ha ganado-por ahora-la lucha contra los trabajadores y los pobres del mundo.

La gran derrotada,-mientras tanto-es la propia humanidad.

Millones en la pobreza extrema, millones padeciendo hambre, millones sin acceso al agua potable, millones muriendo diariamente por enfermedades tratables y curables, millones en el analfabetismo, millones sin techo en sus cabezas, miles de millones sin derecho al trabajo, millones desplazados por la guerra, el hambre y el cambio climático.

El capitalismo ha vencido y esto es lo que tiene para proponer: la barbarie de la desigualdad y la destrucción de la vida. Lo dicen los hechos y la evidencia empírica.

Vivimos en un mundo cada vez más desigual, más inhóspito y más cruel. Vivimos y sobrevivimos, bajo el triunfo del capitalismo. Por tanto, su sepulturero, tiene mucho e impostergable trabajo por hacer.

17. Un análisis de la situación internacional tiene por objeto tres cuestiones centrales:

enmarcar el proceso de análisis de nuestra realidad más inmediata en los problemas que genera la mundialización del capital, avanzar en la comprensión de la interrelación de los problemas de nuestra clase con lo que sucede en el mundo entero y reforzar, en consecuencia, la imprescindible política internacionalista y anticapitalista que debemos tener los trabajadores.

18. Nuestra clase, inserta en un país pequeño demográficamente, dependiente en varios factores de su funcionamiento y con una inserción subordinada en la división internacional del trabajo, no puede pretender resolver los problemas del mundo. Eso está claro. Pero menos aún puede hacerse la idea de que puede resolver sus propios combates contra el proyecto del capital en ausencia de una decidida política internacional de clase.

La solidaridad es un principio ético en cualquier escenario social, pero con un capitalismo cada vez más internacionalizado, la solidaridad de clase se convierte en una necesidad estratégica de la acción política por la emancipación social.

c) Elementos sobre la situación en Nuestra América y lucha de clases en la región

19.Nuestro continente, posee los mayores niveles de desigualdad del mundo.

Se trata de países que poseen riquezas inherentes a su territorio, y donde la extracción de las materias primas, en su fase inicial y de manera incipiente, generando una profundización del modelo de primarización de las economías e impactos recesivos, producto del cambio de ciclo en los precios internacionales y la estrategia de ajuste del capital contra los trabajadores y el pueblo.

Se trata de países ricos y sociedades altamente empobrecidas. En Colombia y México los niveles de desigualdad están llevando al abismo las diferencias. En éste último dos terceras partes de la riqueza total está en manos del 10 por ciento de las familias del país[6].

20. Por otra parte, la máxima neoliberal de la “libertad de comercio”, la apertura irrestricta de los mercados, y la precarización de los marcos regulatorios que ampararon los recursos que soportaban las economías regionales, transfiriendo riquezas hacia las empresas privadas, generando en los últimos cuarenta años la implementación de modelos privatizadores organizados en holding a nivel mundial.

21. A nivel de representación político-partidaria, estamos en presencia del cierre de los ciclos progresistas, lo cual ha dejado importantes espacios de desacumulación social en el terreno de las fuerzas propias del pueblo.

Habilitándose la irrupción feroz de la ofensiva de las derechas tradicionales en los gobiernos de nuestra América. Y con ello, el avance de la barbarie social producto de la exclusión y la incapacidad inherente del sistema para asegurar la inclusión social de derechos.

Estamos frente a una ofensiva capitalista que requiere de la restauración del control político de los aparatos de gobierno para la implementación de su programa neoliberal recargado.

22. Los gobiernos de derecha no han dudado en recurrir a la guerra de baja intensidad así como a prácticas típicas del terrorismo de Estado para aniquilar resistencias populares y asesinar a luchadores y luchadoras sociales con total impunidad.

La producción subjetiva y el poder represivo criminalizan la justa protesta social y luchas que se da el pueblo en defensa de su dignidad.

Se trata de la continuidad y profundización de las lógicas del terrorismo de Estado bajo viejas y nuevas modalidades.

23. El actual panorama nos impone pensar en una política de rearme del tejido social, que emerja de las trabajadoras y trabajadores, que sea socialista e internacionalista, capaz de forjar, en estos momentos, tácticas de resistencia y avance frente a la ofensiva feroz que tiene a nuestro continente azotado.

 d) Caracterización de la etapa

24. Parece importante empezar señalando que hacer una caracterización de la etapa implica asumir una cierta perspectiva de valoración.

Eso que llamamos realidad es una interrelación dialéctica de un conjunto de condiciones objetivas y simbólicas que va a tener determinados significados políticos y explicativos según la clase a la que se pertenece y la perspectiva de intereses que se propugna.

En cuestiones de clase, 2 más 2 nos es cuatro. ¿Qué queremos decir con esto? Que en política no hay neutralidades ideológicas y por tanto, para hacer una lectura de la etapa debemos defender una perspectiva propia como clase, en concordancia con nuestros intereses superiores.

25. Un criterio fundamental desde la perspectiva clasista y los fundamentos en los que se inserta la tradición del pensamiento crítico de la que provienen las visiones del mundo de la clase obrera, es que la realidad hay que leerla en clave de lucha de clases; es decir de contradicciones que se explican a partir de la forma que asume en la sociedad la realización de las condiciones materiales de existencia.

En tal sentido reafirmamos que nuestro principio general de análisis es que las relaciones de producción que hacen posible la reproducción de la vida tienen primacía explicativa para entender la coyuntura y los grandes problemas de la sociedad; ya que en última instancia “el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general.”

26. En nuestra sociedad y nuestro continente la forma que adquiere la economía y la producción de bienes y servicios está pautada por una forma subordinada de inserción en el intercambio mundial de mercancías.

El país tiene una matriz energética altamente dependiente de la importación de hidrocarburos, no produce una infinidad medios producción y consumo que debe importar del exterior, al tiempo que depende fuertemente de la colocación de mercancías en el exterior dado el carácter primarizado y exportador de su economía.

Por abstracta o lejana que parezca, esa contradicción determina la formación social uruguaya y es, en tal sentido, la generadora de muchos de los problemas estructurales que luego se traducen en los problemas del día a día de los y las trabajadoras.

Desde la mentada matriz productiva, pasando por el impacto de la tecnología en la producción y el desarrollo de los servicios, el comportamiento de la inflación, hasta la propia generación de empleos y el nivel salarial promedio que hay en Uruguay, están en última instancia determinados por esa contradicción.

Por tanto, preguntarse por cómo se comportó esa relación de dependencia en este período es clave para evaluar avances y retrocesos en relación a nuestros intereses superiores como clase trabajadora.

27. Aún en un contexto de crecimiento económico y precios internacionales favorables no se ha modificado en términos positivos el carácter dependiente de la economía uruguaya. Por el contrario ha tendido a profundizarse.

El pago de intereses de la deuda externa sigue operando como mecanismo de transferencia de excedentes hacia los acreedores, limitando el espacio fiscal para impulsar políticas. Al mismo tiempo se ha consolidado el carácter primarizado de la economía, especializada en la producción de bienes agroindustriales de bajo valor agregado, que la ubica de manera subordinada en la división internacional del trabajo.

El perfil de las exportaciones muestra que cerca del 70% de los productos son commodities de origen agropecuario o agroindustrial, encabezados por la soja, la carne bovina, el arroz, el trigo, derivados de la leche y pasta de celulosa.

Mientras, las importaciones tienen un claro sesgo hacia bienes industriales de media a alta tecnología: autos y autopartes, teléfonos, insecticidas y máquinas automáticas.

A su vez el conjunto de la economía atraviesa un claro proceso de extranjerización de la propiedad y de la producción, fundamentalmente en el sector agroindustrial, que supone un creciente flujo de ganancias hacia el exterior[7].

A nivel del control de la tierra entre 2000 y 2011 las personas jurídicas (fundamentalmente sociedades anónimas) pasaron de 1% a 43%, apropiándose de 7 millones de hectáreas.

El proceso de extranjerización puede observarse en varios sectores agroindustriales como la agricultura de secano, el complejo forestal, el cárnico, el arrocero y el de la cebada.

En 2013 el 63% de las exportaciones totales respondían al capital extranjero. En algunas áreas superando el 75%, como en la soja, el arroz, la cebada y las autopartes.

En otras áreas el control del capital extranjero sobre la producción varía entre el 50 y el 75%, como en la carne bovina, la madera, el trigo y los productos farmacéuticos, entro otros.

Esto se expresa en la fuerte extranjerización de la estructura exportadora, a lo que se suma la propiedad extranjera de la totalidad de la banca privada, lo que debe complementarse con el hecho de que en 2010 la banca extranjera era propietaria del 50% de los activos de la industria.

Cabe señalar que el 40% de la inversión extranjera directa que ingreso al país los hizo bajo la forma de compra de activos pre-existentes en el país (tierras, supermercados, fábricas)

28. El otro componente del problema estructural del Uruguay es la desigualdad, expresada tanto en la distribución de la propiedad de los “activos” y los medios de producción como en la distribución entre las distintas clases sociales de la riqueza generada anualmente (la distribución funcional del ingreso).

En relación al primer aspecto, como ya se ha mencionado, en los últimos años ha ocurrido un intenso proceso concentrador y extranjerizador en importantes sectores de la economía, especialmente en el sector agroindustrial.

29. La distribución del ingreso por su parte no muestra modificaciones sustanciales en los últimos años.

La proporción del ingreso apropiada por los sectores populares en Uruguay sufrió una fuerte caída durante el período neoliberal (1970-2004), durante el cual el salario real cayó a la mitad mientras el PBI/cápita más que se duplicó.

En los últimos años sin embargo, el salario real para el promedio de los trabajadores ha aumentado en el entorno del 50%.

Esto puede verse como un proceso tendencial que comienza a partir del año 2003, que se enmarcó en un crecimiento continuo de la economía, y que en gran medida surge como resultado de la lucha de los trabajadores en los consejos de salarios.

En los últimos tres años el salario real aumentó, pero con un comportamiento enlentecido y una tendencia a la desindexación.

No obstante y sin perjuicio del proceso objetivo de crecimiento del poder de compra de los salarios en estos últimos años es relevante saber que el nivel salarial continúa siendo un 32,35% por debajo de niveles previos a la dictadura cívico-militar.

30. A pesar del crecimiento total registrado, aún queda margen para aumentar el salario real, ya sea por necesidades presentes, como por la deuda histórica generada en la dictadura cuando se le expropió casi la mitad de su salario real y aún no se ha recuperado.

Más grave aún es que en un país muy caro para los trabajadores, tengamos entre 350.000 y 400.000 asalariados con remuneraciones por debajo de los 16.000 pesos mensuales.

Por otra parte el desempleo está en el entorno del 8% y este dato vale recalcar, no toma en cuenta a quienes ya desistieron de una inserción laboral formalizada.

Además hay más de 400.000 trabajadores y trabajadoras que se ganan la vida en el empleo informal, con todas las vulnerabilidades presentes y futuras que esas circunstancias laborales acarrean.

Esta importante porción de nuestra clase esta en general en mucho peores condiciones que el resto de la población económicamente activa, con remuneraciones inestables, sin derechos laborales y con escasos o nulos beneficios sociales.

31. Estos procesos fueron acompañados por algunos cambios cualitativos en la relación Estado-mercado que repercutieron en las lógicas asumieron las relaciones laborales dentro del Estado.

En particular en el marco de las reformas en la gestión pública impulsadas en los últimos años se delinearon una serie de orientaciones estratégicas para las empresas estatales.

Uno de los componentes medulares de esta propuesta es la reforma en el modelo de organización del trabajo, orientándolo hacia un modelo de gestión  de tipo capitalista.

Basado en las premisas de eficiencia-eficacia, se implementó el pasaje al modelo de “gestión por competencias” en todas las empresas públicas que permite adecuar el desarrollo de las empresas para la inversión privada, o modelos mixtos (inversiones público-privadas), y se vincula directamente a los procesos de flexibilización y tercerización de los contratos que han proliferado en el sector público.

Una evidencia reveladora del proceso de transferencia al capital privado es que en 2015 las empresas estatales representaban menos del 2% de la ocupación total de la mano de obra y se estima que participan en algo menos del 10% del valor agregado neto de la economía.

Esta situación concreta no deja de reflejar una determinada voluntad política del gobierno a favor del capital privado.  En tal sentido vale tomar en cuenta que incluso en países de neto corte capitalista, como Singapur, los niveles de participación de las empresas estatales ascienden a un 22%.

32. Siguiendo el análisis con la Encuesta Continua de Hogares del 2016, se puede constatar que la situación de bajos salarios establezca la paradoja de que el empleo no sea condición para salir de la pobreza.

De hecho, de los trabajadores formales, un poco más del 5% viven en hogares pobres (poco más de 94.500 trabajadoras y trabajadores).

En cuanto a la distribución del ingreso salarial, el 50% de los trabajadores perciben igual o menos que $20.371 líquidos por su empleo principal, 44% de los trabajadores no llegan a ganar $20.000, y el 32% de los trabajadores no llegan a ganar $15.000.

El 25% que menos salario percibe de estos trabajadores, gana igual o menos de $11.803.

33. La falta de ingresos salariales que permitan tener acceso a los bienes salario promedio, generan privaciones materiales importantes en los hogares, circunstancia que refuerza los efectos de la pobreza y la perpetua.

Según el último censo nacional se determinó que 347.700 hogares tienen al menos una carencia crítica en materia de necesidades básicas insatisfechas. Esto implica a más de un millón de personas.

En la periferia de Montevideo, dónde se ubica fuertemente nuestra clase y particularmente los sectores a los que más se estigmatiza entre el 40 y el 60% del total de su población presentan altos valores de carencias materiales críticas.

A su vez, en el interior profundo, sobre todo en las áreas rurales del norte del país, el 95% de las personas registra al menos una necesidad básica insatisfecha.

Otra evidencia de la realidad y que golpea donde más duele es que el 44% de los niños y niñas de nuestra sociedad tienen al menos una necesidad vital no cubierta. Son más de 150.000 mil niños y niñas que están con dos o más necesidades básicas insatisfechas.

A su vez, la proporción de la riqueza apropiada por el 1% más rico de los uruguayos permaneció incambiada en el período, en el entorno del 14% del total. Mientras el 10% más pobre se apropia solamente del 6% de la riqueza.

En materia de apropiación del ingreso o de cómo se distribuye entre las clases las ganancias socialmente producidas, lo que dice la evidencia empírica es que el 40% del total del ingreso es detentado por el 10% más rico.

Estos datos ubican a Uruguay como uno de los países con mayor concentración entre aquellos reportados en la Base de Datos Mundial de Altos Ingresos (WTID, organismo internacional que procesa estadísticas mundiales de distribución del ingreso).

34. Al referirnos a la Dictadura Uruguaya no debemos olvidar jamás el fuerte impacto a nivel del tejido social, de la organización de la clase obrera y de los cientos y cientos de compañeros y compañeras perseguidos, torturados y desaparecidos por el hecho de ser parte de la resistencia frente al proceso dictatorial como clase obrera. Sin duda estos aspectos subjetivos golpearon particularmente y fuertemente a la clase buscando diezmar un proceso de acumulación y unidad obrera que por momentos se refleja en la imposición de valores como el consumo, el individualismo y la despolitización que sufrimos como clase.

Junto a las profundas consecuencias económicas en las que se sumergió al País producto de una política de endeudamiento con el (FMI) Fondo Monetario Internacional, también se generaron patrones de acumulación de capital en sectores de la oligarquía que costo la sangre de nuestros compañeras y compañeros y aún inciden lógicamente en la redistribución y concentración del Capital.

Es por ello que más que nunca debemos reivindicar e impulsar la lucha por la verdad, justicia y nunca más desde un posicionamiento que haga confluir la afinidad ideológica con las condiciones humanas, materiales y el musculo militante necesario para enfrentar la victoria de los impunes.

Si cada gremio no se concientiza que no basta con aludir u apoyar las consignas sino que es sumamente necesario la implicación real en espacios de participación no lograremos la acumulación de fuerzas como clase profundamente herida por el proceso dictatorial.

Los trabajadores no sólo debemos valorar los importantes movimientos que realizan los diferentes colectivos de la sociedad organizada y las herramientas generadas por nuestro PIT-CNT, debemos de una vez por todas tomar el protagonismo de clase que la etapa nos exige.

Importantísimos son los logros y los avances en la conformación de la secretaría de derechos humanos y el trabajo en conjunto respaldando el constante y tenas trabajo del (OLI) Observatorio Luz Ibarburu

Hoy el Observatorio junto con el apoyo del PIT/CNT y un proyecto de financiación gestionado por la Secretaria de DD.HH del PIT/CNT, han permitido una mejora sustancial- aunque no suficiente, para que el Observatorio atienda eficazmente los objetivos para los que fue creado. Falta un mayor involucramiento de los gremios en esa secretaria. Por otra parte se percibe que en muchas actividades desarrolladas por otras secretarías del PIT/CNT, falta una visión global que permita articular las actividades del Observatorio con ellas.

Si bien con el Gobierno Progresista se comenzó un camino que generó expectativas en relación al esclarecimiento de lo ocurrido en la Dictadura y la búsqueda de la justicia contra la impunidad con el caso Gelman, luego de dos hechos importantes: el traslado de la Dra. Mota, los recursos de inconstitucionalidad de la SCJ y posiciones sustentadas por algunos fiscales y jueces, se entró en una etapa en que se retroalimentan, una impunidad fáctica y otra de carácter jurídico avalada claramente por el poder político que genera estructuras burocráticas sin recursos con el fin mismo de que no exista un esclarecimiento real.

Debemos por ende redoblar esfuerzos y generar una verdadera cohesión y unidad que potencie el fuerte trabajo realizado por el observatorio desde el compromiso de las bases dándole un lugar preponderante que posicione a la clase trabajadora como pilar en la defensa de los derechos humanos y exija al Estado una verdadera voluntad política que se refleje en recursos económicos, materiales y en la generación de una institucionalidad que no tenga por oficio enlentecer sino favorecer el esclarecimiento de la verdad.

Debemos tomar conciencia de la impunidad imperante que nos marca hoy como sociedad donde la Suprema Corte de Justicia desconoce la legislación Internacional en relación a los derechos humanos, donde los torturadores y asesinos de compañeros de clase caminan por la calle y disfrutan de las ganancias bañadas en sangre obrera y de que el Gobierno de turno lejos de buscar un esclarecimiento real está trancando todo lo posible jugando con un tiempo que cada día se hace más valioso.

De nosotros depende como clase trabajadora organizada lograr la acumulación de fuerzas que modifique esta realidad y nos direccione en la búsqueda de la verdad sobre nuestro pasado reciente, se los debemos, nos lo debemos.

35. Siguiendo en esta línea de análisis, que prioriza el comportamiento de las condiciones materiales de vida como factor relevante para la caracterización de la etapa, no es menor remarcar que durante el periodo progresista se desplegaron un conjunto importante de políticas sociales y de avances en el plano de la amortiguación social del conflicto de clase.

El rol de redistribución del ingreso que operativizaron los últimos tres gobiernos generó un gran alivio en las circunstancias de vidas de cientos de miles de personas, sobre todo las que históricamente sufren más las postergación de derechos.

Con relación a los gobiernos de la derecha tradicional, el llamado gasto público social, por ejemplo, aumentó prácticamente al doble en términos absolutos. Incrementándose también si se mide con relación a la participación en el PBI, llegando a estar 8 puntos por encima.

Esta importante política pública de carácter redistributivo, sobre todo en las áreas de la salud, educación, seguridad social y asistencia social, representó un avance muy valioso en la generación de salario indirecto, aunque también es necesario decir que una porción importante del gasto público social terminó beneficiando al capital privado.

36. El acortamiento de las bases materiales del ciclo expansivo de la economía, fundamentalmente explicado por la moderación de los precios de los principales bienes exportables (materias primas) y la retracción del flujo de inversión extranjera directa, instala una circunstancia muy potente de agotamiento al modelo redistributivo que implementó el progresismo.

Ese agotamiento está determinado por la propia dinámica en la que se sustento dicho modelo, ya que el ensanche relativo de los márgenes redistributivos se produjo sobre las ancas del crecimiento del producto y no como consecuencia de avances socializantes sobre el capital.

37. La política económica de los gobiernos progresistas se desarrolló bajo la combinación de un conjunto de cambios coyunturales con efectos redistributivos incluyentes, con la continuidad estructural del patrón de acumulación capitalista, que es excluyente por la propia fuerza de su lógica.

Con el inicio del menor dinamismo en el proceso de acumulación, que se atisba desde finales del 2014 y con mayor nitidez a partir del 2015, se puso en marcha un ajuste regresivo que si bien fue matizado y no de shock (como en el caso de los gobiernos neoliberales de Macri y Temer), empieza a marcar el límite del modelo redistributivo y el inicio objetivo de su agotamiento.

Dicho de otra manera, el límite a la amortiguación social del conflicto de clase tiene su línea demarcatoria en que los ricos sigan siendo pocos y ricos y los pobres sigan siendo pobres y cientos de miles.

La única forma viable al corto plazo de evitar el ajuste en el marco de la estrategia económica del gobierno es recuperar flujo de inversión extranjera. De ahí que, por ejemplo, el contrato en discusión para la eventual instauración de la segunda planta de UPM en Uruguay confiera una nueva carga de prebendas económicas y reaseguros jurídicos a la multinacional.

En general, esta forma de eludir el conflicto estructural para asegurar la estabilidad policlasista y con ello la distribución desigual de la riqueza, no solo significa la perduración de las contradicciones principales de la sociedad uruguaya sino su profundización, haciendo cada vez más largo y complejo el proceso de salida.

38. El tenor matizado del ajuste actualmente en curso viene de la mano con un nuevo impulso en el proceso de endeudamiento.

Ante la retracción del flujo de renta, el aumento de la deuda como forma de financiar la dosificación de ajuste trae problemas estructurales de largo plazo y no deja de ser un suplemento de corta duración en el tiempo.

La compra de tiempo que se gana con el crédito a cambio de deuda es una forma de alargar la mecha de una bomba con cada vez mayor poder destructivo.

39. Las acciones del gobierno en relación a la atenuación del déficit fiscal, del cual el ajuste regresivo es expresión, tienen por objeto asegurarle al capital financiero garantías de retorno. La forma de acceder a crédito internacional más barato lo paga el pueblo por partida doble. En el aquí y ahora, para generar las garantías de retorno y al momento de pagar, es decir al momento de hacer efectiva la devolución de la realización de ese capital prestado.

40. Esta nueva materialidad económica que trae aparejado el fin del ciclo expansivo de la renta de la tierra, supone la puesta en marcha de una creciente tensión por la distribución social del ajuste. Esa es la característica principal de la coyuntura en marcha.

Cuando hablamos de distribución social del ajuste hacemos referencia directamente a cómo se reparte entre las clases el “costo” del enlentecimiento económico.

La puja distributiva en este nuevo escenario será una batalla táctica central, y es lo que se nos viene mostrando cada vez de manera más explícita.

En buena medida los lineamientos para la séptima ronda de consejo de salario reflejan este movimiento, así como los procesos de desinversión pública que vienen en curso.

Pero el problema estratégico de fondo al que nuestro movimiento sindical le debería estar prestando toda su atención, lucidez y determinación es a cómo enfrentar esa batalla táctica a la luz de la disputa por el control de los principales resortes de la estructura de poder en el país. Ese y no otro es el epicentro estratégico de la lucha de clases.

41. La principal crítica que fundadamente se le puede realizar al ciclo progresista es que, luego de tres gobiernos consecutivos con mayorías parlamentarias, haya dejado intacto el poder de la clase dominante.

Esa no ha sido una circunstancia periférica, ha sido una orientación estratégica.

42. En este contexto, la clase dominante, que algo de lo que no carece es de conciencia de clase, tiene muy claro que la continuidad del modelo redistributivo del progresismo no tiene fuentes de financiamiento para mantenerse sino recurre a modificaciones en la forma en que las clases se apropian del excedente.

Es consciente de que bajo esta política de gobierno no hay riesgos en el horizonte inmediato de que algo así suceda, pero sabe muy bien que para mantener esa relación de fuerza y sus reaseguros estratégicos, debe incrementar su ofensiva.

En ese marco se inscribe la creación y el programa de la confederación de las cámaras patronales, la escalada contra el gasto público, la ofensiva mediática y las conducción política del movimiento agrario que dinamizo su propio ciclo de protestas con una agenda regresiva y antipopular.

Este conjunto de demostraciones de fuerzas tienen por objetivo táctico presionar por derecha al actual gobierno, pero van encaminados hacia otros horizontes políticos.

43. El agotamiento del modelo de redistribución amortiguadora se conjuga con un proceso de reorganización política de la derecha tradicional, que viene recargada con un programa neoliberal radical.

La coyuntura en Argentina y Brasil lo demuestra con creces.

La derecha dura y pura vuelve por el control de los gobiernos con una política de ofensiva, implementando programas centrados en la desvalorización de la fuerza de trabajo, con bajas de salario, desmantelamiento de derechos, incremento del desempleo y de la informalidad.

A esta serie de modalidades compensatorias a la tendencia decreciente de la economía y por tanto de la apropiación de excedente, la derecha lo refuerza con congelamiento del gasto social, la precarización de la seguridad social y el incremento desembozado de las transferencias de recursos públicos al capital privado vía privatizaciones (endógenas y exógenas), exenciones fiscales, y todo tipo de concesiones normativas.

44. Uruguay no es ajeno a ese proceso de reorganización y escalada de la derecha tradicional. Todo el poder de clase que mantiene la derecha tradicional se ha puesto esa tarea política al hombro, facilitada extraordinariamente por el poder incrementado que les dejó el progresismo.

45. Los gobiernos del FA han sido muy buenos mediadores entre las demandas del capital para garantizar sus ganancias con estabilidad social en momentos de expansión como para implementar sus ajustes con la mayor amortiguación social posible. Pero en el marco del cambio de las condiciones materiales de la economía, es un secreto a voces que la tendencia necesaria es a profundizar el ajuste regresivo.

El capital necesita para eso actores más decididos.

Los tiempos necesarios se van acelerando y los márgenes para las concesiones policlasistas se achican drásticamente. Por eso lo que estamos viendo en toda la región no es casualidad. Las derechas duras y puras vienen recuperando directamente el manejo del poder del estado para implantar su ofensiva radicalizada.

46. En este contexto de análisis, la tesis de los “dos modelos de país” no solo no explica el problema de fondo de las contradicciones de la formación social uruguaya, sino que tampoco decodifica correctamente lo que está pasando en la superestructura política en esta coyuntura histórica.

Esta tesis no registra adecuadamente que la confrontación de “modelos de país” no tiene entre sí contradicciones antagónicas, ya que están atravesados por un mismo hilo conductor: el mantenimiento del patrón capitalista de acumulación.

Esa forma de caracterizar la etapa se restringe únicamente a reducir el conflicto social a la lucha que se libra entre bloques partidarios en la superestructura política. Lucha que-si bien es real que existe en el plano electoral-no va más allá del manejo diferente de criterios de administración del mismo orden de relaciones sociales.

En tal sentido, la tesis de los “modelos de país” no solo no explica correctamente la forma en que se expresan las contradicciones de la lucha de clases, sino que empaña la lectura de las responsabilidades propias del gobierno en el desarrollo de un proceso social que no ha acumulado hacia la resolución de esas contradicciones, sino que las ha preservado e incluso agravado.

Por esta razón no compartimos la tesis de los modelos de país. No es que defendamos un tercer modelo de país. Ni tampoco un cuarto o quinto. Lo que estamos planteado no tienen nada que ver con eso.

No compartimos la tesis de los “modelos de país” porque el supuesto modelo de país del que se afirma que el movimiento sindical en su conjunto es integrante, ha desarrollado objetivamente una estrategia de preservación e incluso fortalecimiento de los problemas estructurales que padece nuestra clase.

El hecho, socialmente irrefutable, de que luego de tres gobiernos progresistas con mayorías parlamentarias, el 14% de los ingresos siga quedando en manos del 1% más rico y que eso sea el  equivalente de lo que le llega al 40% más pobre de nuestro país, es la demostración palmaria de que no estamos criticando por criticar, sino que estamos criticando por la continuidad del patrón de acumulación y la persistencia de la desigualdad estructural.

En suma, no compartimos la tesis de los “modelos de país” porque no es una buena forma de discutir dentro del movimiento sindical, porque no aporta claridad para comprender lo que está pasando en la lucha de clases y porque distorsiona severamente, en términos subordinantes, las decisiones y acciones del movimiento sindical.

47. La forma general en la que se ha expresado, en la práctica política concreta, la tesis de “los dos modelos de país”, es que el movimiento sindical es parte del bloque que compone uno de esos modelos de país.

Las consecuencias de esa práctica son doblemente negativas.

Porque incorpora en el movimiento sindical  valoraciones políticas ajenas a sus propósitos estratégicos, partidizando por la vía de los hechos muchas de sus decisiones concretas y porque nos termina colocando a la zaga de quienes conducen políticamente el supuesto modelo de país del que somos parte como clase.

Y la discusión no es cuántos paros se les hizo a los gobiernos progresistas y cuantas horas duraron esos paros.

Con total énfasis hay que decir que la discusión de verdad no es sobre medidas. Es sobre perspectivas y sobre todo sobre proceso de acumulación de fuerzas. Sobre cuáles son los grandes objetivos y las tareas principales del movimiento sindical para desarrollar una mejor correlación de fuerzas en la lucha de clases.

Si impulsar el proceso de acumulación de fuerzas en vistas a su proyecto de sociedad sin explotados ni explotadores, o si operar como frente social de masas que se subordina a un modelo de país para litigar contra el otro modelo de país.

Es ahí donde está la clave principal de la discusión.

48. Si el dilema central es entre un ajuste dosificado y con las mejores amortiguaciones institucionales que el sistema habilite o entre un ajuste de shock de la mano de la ofensiva radical del neoliberalismo recargado, no tenemos dudas que la primera opción es la menos mala para los de abajo.

Pero no es ese un dilema que tenga que ver con el programa histórico de la clase trabajadora y nuestro movimiento sindical.

Obviamente que, hasta por instinto de clase, vamos a preferir el menos daño posible contra los trabajadores y el pueblo.

Obviamente que nuestra oposición fundamental va a ser contra las versiones más feroces de la embestida del capital.

Obviamente que vamos a luchar siempre contra la restauración del neoliberalismo recargado que propone la derecha tradicional. Pero eso no significa que seamos parte de un modelo de país que nos dirige a un ajuste conservador.

Un ajuste que, aunque menos traumático en su implementación que el que haría la derecha tradicional, no deja de ser un ajuste regresivo a fin de cuentas.

49. La dicotomía que establece la tesis de los dos modelos de país no solo es mala porque tiene efectos políticamente subordinantes hacia el movimiento sindical en términos de acciones y decisiones tácticas, sino porque deja al movimiento sindical debilitado para enfrentar los componentes neoliberales de la política del gobierno y fundamentalmente porque lo deja sin estrategia propia.

Ésta última es, sin lugar a dudas, la peor consecuencia de la tesis de “los dos modelos de país”.

50. No somos prescindentes ni indiferentes a lo que pase en la superestrucurra política. Menos aún estamos a favor de una política de “estar en contra por estar en contra”.

Los trabajadores tenemos que defender con toda nuestra energía y determinación las conquistas y avances que se lograron durante el periodo progresista, pero también tenemos que oponernos con la misma energía y determinación a todas las decisiones de este mismo gobierno que llevaron a dotar de más poder a las clases dominantes, a extranjerizar la economía, a profundizar la dependencia y a preservar la desigualdad estructural y el patrón de acumulación de capital.

En la perspectiva clasista del movimiento sindical uruguayo, tenemos que potenciar la independencia de clase a partir de defender, impulsar y acumular en base a la oposición entre el proyecto de sociedad de los trabajadores y el proyecto de sociedad del capital.

Esa y no otra es la expresión de la disputa de poder de fondo que está en juego en la lucha de clases.

51. La contradicción entre proyectos de sociedad y no entre modelos de país es la que mejor refleja la independencia de clase.

La tesis de la contradicción de dos proyectos de sociedad, la de los trabajadores y la del capital, fortalece las condiciones para el ejercicio pleno de la independencia política del movimiento sindical. Desde esa independencia política incluso podemos tener toda la libertad de criterio para defender todas aquellas políticas que acumulen hacia la clase trabajadora y las grandes mayorías sociales, así como para oponernos a toda política que tienda a mantener y profundizar la dependencia y la desigualdad social, independientemente de quien sea el gobierno que la implementa.

52. Esta cuestión central de la caracterización de la etapa no resuelve la urgencia de las grandes tareas y los enormes desafíos que nos imponen los problemas sociales crecientes en nuestra sociedad.

No resuelve la necesidad de ser cada vez más y mejor organizados. No resuelve la necesidad del avance de la conciencia social de clase entre los trabajadores ni de la batalla ideológica contra la mercantilización de la vida. No resuelve ninguna de las necesidades a las que solo la acción de masas está llamada a resolver.

Pero la oposición de proyectos de sociedad sobre la lógica de los modelos de país, nos da mucho más claridad conceptual y sobre todo política, para pensar y hacer todas las acciones tácticas y programáticas que sean necesarias para defender a nuestro pueblo de la barbarie. Ya que si no enfrentamos en todos los niveles (táctico, programático, cultural, ideológico) las contradicciones principales de la formación social capitalista de nuestro país, es hacia la barbarie social donde, lenta pero ineludiblemente, vamos como pueblo.

Cualquier otro camino podrá demorar menos o más, pero va indefectiblemente rumbo a una sociedad donde cada vez más prime la guerra de pobres contra pobres, con incrementos progresivos de la desigualdad y la exclusión de derechos; con el embrutecimiento social de nuestra gente y el avance implacable del mercantilismo generalizado de las relaciones sociales. Una sociedad con más desigualdad, más violencia, más alienación y menos esperanza.

e) LA HERRAMIENTA SINDICAL

53. El movimiento sindical es una de las mayores expresiones organizativas del pueblo socialmente organizado. Una expresión que sintetiza un conjunto masivo de esfuerzos, fuerzas y convicciones de cientos de hombres y mujeres, que hecha sus raíces más profundas desde fines del siglo XIX.

Hay aquí una dimensión de sano orgullo y de justificado sentido de la dignidad que debemos realzar de modo permanente.

No somos producto del milagro. Somos la herencia viva de la lucha de nuestra clase por construir dignidad social y por hacerse de las herramientas organizativas que nos abrieran los caminos a ese destino.

Ser lo que somos es una condición forjada históricamente y solidificada a lo largo de la lucha de clases. Somos la herencia viva de un proceso de acumulación que recaló en la unidad política que cimentó la gloriosa CNT.

Éste último aspecto es el abrevadero fundamental para proteger la esencia misma de la unidad.

Esto es, concebir nuestra unidad como una necesidad estratégica basada en la obtención de la mejor relación de fuerzas para intervenir en la lucha de clases, desde una perspectiva de combate al proyecto del capital.

54. Esa condición organizada y organizadora de las y los trabajadores de nuestro país es expresión de la acumulación histórica del movimiento sindical en el proceso social uruguayo, y representa una de las ventajas cualitativas que tiene nuestro pueblo para resistir las embestidas del proyecto social capitalista.

Fuera de la partidocracia, las organizaciones sindicales somos las que tenemos más capacidad de incidir en las diferentes coyunturas de modo sostenido y en el largo plazo.

Esta circunstancia más que un acto de autocomplacencia es una enorme responsabilidad

55. Si bien la permanencia no es un mérito en sí mismo, es si la expresión de una verdad irrebatible: los sindicatos somos una autoconstrucción necesaria ante la desigualdad de poder que instituyen las relaciones sociales capitalistas.

Sin permanencia a lo largo del tiempo no hay iniciativa histórica que tenga capacidad de realización alguna.

56. Pero esa permanencia no es sinónimo de inamovilidad. Sobre la base de principios sólidos y valores irreductibles, las organizaciones sindicales debemos tener la habilidad táctica de adecuarnos, en función de nuestros intereses superiores, al devenir de las relaciones sociales, y las propias mutaciones que de modo permanente va implantando el propio capitalismo en su lógica de reproducción.

57. En momentos donde tanta alharaca se hace en torno a un proceso objetivo del capitalismo, de avanzar en la sustitución del trabajo vivo por medio de la incorporación tecnológica, el movimiento sindical debe tener una respuesta táctica y una perspectiva programática para encarar esta circunstancia histórica. Sin dramatismo ni sentido trágico, porque estos sentimientos solo acumulan a favor de la desesperación, el miedo y la búsqueda de facilismos mentirosos, como las tesis del “capital humano”.

Ante el avance de la innovación técnica obviamente que hay que formarse y capacitarse, pero la visión adaptacionista no resuelve ni por cerca el drama  del desempleo sobreviniente.

A nuestro entender, el ineludible impacto de la nueva revolución técnica (más que generar una idea de catástrofe o ilusiones funcionalistas)  nos abre una oportunidad excepcional para poner en marcha el reclamo revolucionario de la des-mercantilización del trabajo y por consiguiente del lanzamiento de un programa de desarrollo del “trabajo socialmente necesario”.

58. La permanencia es un modo de la vigencia o es una muerte en vida.

Permanecer significa evidenciar en la práctica misma la vigencia histórica de la utilidad concreta de una herramienta en arreglo a sus fines.

Nadie valora una herramienta por lo que es en sí misma, sino por su efectividad para allanar un conjunto de tareas y para resolver determinados fines.

La unidad de acción y la unidad en la diversidad son constitutivas de la existencia de una única herramienta general y unificadora de los sindicatos en el país.

Esa unidad de acción y de unidad en la diversidad, requiere de una política de riego permanente para mantenerse vigentes y por tanto útiles.

Es decir, la permanencia requiere cuidados políticos, metodológicos y de actitud, hacia dentro mismos de nuestro movimiento.

No basta con tener un enemigo común.

Eso es condición necesaria pero no suficiente.

Para luchar contra un enemigo común-el proyecto del capital-siempre es mejor estar juntos que separados, pero también es cierto que, aunque separados, se puede luchar juntos.

La diferencia esencial de poder luchar juntos, en unidad orgánica, es que sepamos cuidar métodos y formas de acción.

Que sepamos evitar metodologías destructivas que finalmente no hacen más que desnaturalizar la unidad, convirtiéndola en una falsa uniformidad.

Cuidados que preserven la unidad en la diversidad y que apunten hacia adentro mismo del movimiento sindical. Hacia nuestro propias lógicas de funcionamiento y las formas de construir síntesis políticas o modos de conducción.

59. Centralizar por la vía de los hechos nuestra Convención es una forma de atentar de modo irresponsable contra la vigencia de la unidad.

Irrespetar de modo sistemático ciertos aspectos fundamentales del acuerdo fundacional que resume nuestro estatuto, como el funcionamiento mensual de la Mesa Representativa es una manera de hacer daño a la unidad. Es una forma de menoscabar de manera flagrante la condición de la Mesa Representativa como verdadera dirección política del movimiento sindical.

Pretender controlar por arriba el imprescindible debate democrático y colectivo que tiene que haber sobre la conducción del movimiento sindical, es un modo irresponsable de ir en contra de la unidad.

Hacer un ejercicio de sobre-representación política de la conducción del movimiento sindical es una práctica que termina deteriorando la confianza y socavando las bases de la unidad en la diversidad.

60. La unidad de acción y la unidad en la diversidad tienen un valor estratégico para las y los trabajadores, por eso su cuidado es una enorme responsabilidad política.

En momentos donde crecerá la polémica ante la intensificación de la lucha de clases, es cuando más debate colectivo y más participación democrática se necesita.

Porque ese ejercicio de discusión colectiva funciona como un catalizador de la formación política de nosotros mismos como militantes sindicales (y vaya si eso es una necesidad!) y además porque no hay mejor manera para construir síntesis verdadera y que nos haga avanzar en la lucha.

Una política que tienda a seguir centralizando el funcionamiento del movimiento sindical y que incluso ampare la idea de la exclusión de sindicatos de la Mesa Representativa no hace más que debilitar la unidad y por tanto debilitar la mejor herramienta que tiene la clase para enfrentar la ofensiva del capital.

No es menor lo que está en juego y hay que tener mucha responsabilidad política para evitar facilismos tentadores, que en aras de ganar  “seguridades” por arriba, terminen dinamitando la unidad por abajo.

61.La unidad es una necesidad de la lucha de clases en tanto condición para luchar contra las contradicciones del capitalismo, para enfrentar el proyecto del capital y para avanzar hacia la emancipación del trabajo del lastre explotador y alienante del sistema capitalista.

Esta misma condición convierte al movimiento sindical en una de las amenazas más grandes al proyecto del capital.

Toda la campaña mediática e ideológica contra los sindicatos y su permanente reducción a corporaciones,  esta hilvanada por la búsqueda de consolidar una interpretación negativa hacia los sindicatos. Ese plan está en marcha y viene siendo muy exitoso. Por otra parte, hay poca autocrítica respecto a porque estamos perdiendo esa batalla.

62. La clase dominante es consciente de quién es su enemigo más profundo. Sabe que ese antagonismo no está en el sistema de partidos. Sabe que el antagonismo real y más potente que tiene el pueblo uruguayo es su capacidad de organizar la lucha y de ganar las calles, los centros de trabajo. De paralizar la actividad social y económica e interrumpirle al capital su ciclo de acumulación.

La clase dominante sabe muy bien quienes son los verdaderos defensores del patrimonio público, de los derechos laborales, del salario y las condiciones de vida digna para el pueblo; de la defensa de los bienes comunes.

La clase dominante sabe muy bien que somos la última trinchera de los pobres y que a la hora de pelear, no somos hueso fácil de roer. Por eso nos odia y claramente nos quiere destruir.

63. Hay que tener muy claro que la destrucción de la legitimidad social de los sindicatos, es una condición necesaria para el avance del programa capitalista.

Una forma de allanar camino para imponer sus condiciones de precarización laboral, súper-explotación y exclusión social de las grandes mayorías.

Paradojalmente es a las grandes mayorías que va dirigida la campaña de deslegitimación.

No nos tienen que desacreditar política y moralmente ante la oligarquía, lo tienen que hacer con nuestro propio pueblo trabajador.

Hay que ser conscientes que este tipo de batallas, conocidas y estudiadas bajo el rótulo de “guerras de quinta generación”, son implacables y muy eficientes.

Por eso mismo nosotros tenemos que ser muy cuidadosos de no dar pasto a las fieras, y mostrar la coherencia entre el decir y el hacer.

Nuestra mejor arma para desmontar la campaña es ser coherentes ya que como decía Martí: “Hacer es la mejor manera de decir”.

64. El gran proyecto político de la clase trabajadora, donde recalan sus intereses superiores, es dinamizar el pasaje entre las imprescindibles luchas por las reivindicaciones inmediatas a la conciencia social de la necesidad histórica de salir de la barbarie capitalista.

65. Además de seguir profundizando sobre la orientación estratégica, es menester ir adoptando medidas y generando procesos de autoconstrucción y acumulación de fuerzas que nos apresten a enfrentar los desafíos de la coyuntura y nos muevan en el sentido de la función histórica de la clase trabajadora.

En tal sentido aportamos las siguientes iniciativas:

a– Regularizar el funcionamiento de la Mesa Representativa en arreglo a las disposiciones estatutarias y jerarquizar sus atribuciones como instancia de dirección política del movimiento sindical. Es imprescindible avanzar en la democratización del funcionamiento del movimiento sindical en todos los sentidos. En ese sentido entre otras iniciativas parece pertinente pedir planes de acción y rendición de cuentas a cada secretaria y a cada ámbito de representación de los trabajadores en el marco institucional, con instancias de balance y rendición de cuentas., Esta práctica además de democrática es una forma de “curarse en salud”.  Asimismo es imprescindible asegurar la regularidad de los informes de finanzas y de la comisión fiscal.

b– Es imprescindible crear una secretaría de conflictos que unifique las fuerzas en lucha. Que nadie se sienta solo o aislado. Respaldar el combate contra los atropellos.

No solo se trata de darle cauce orgánico e instrumento organizado a un principio constitutivo, se trata de una necesidad política central. Acumular fuerzas, generar conciencia, ganar conflictos y cuando se pierden que la causa no sea la falta de apoyo o el desasosiego del aislamiento. Es obvio que no todos los conflictos se ganan. Hay veces que los perdemos por las propias condiciones objetivas en las que estalla el conflicto…otras veces perdemos por correlación de fuerzas. Perdemos por muchas razones. No vamos a inventar falsas explicaciones. Pero lo que no nos puede pasar es que las perdamos por falta de apoyo, voluntad de lucha y de compromiso concreto.

c- Un objetivo central para el período que se abre es avanzar en la elaboración programática de forma sostenida y sistemática. En consecuencia creemos imprescindible la creación de una comisión general de elaboración programática, donde se articule con el conjunto de los sindicatos, el ICD, la intelectualidad crítica de la academia, entre otros actores relevantes del movimiento popular. El movimiento sindical tiene todas las condiciones para producir líneas de orientación en todas las áreas de actividad social y en toda la gama de producción de bienes y servicios. Conocemos más que nadie las fortalezas y debilidades de cada realidad sectorial. Tenemos las condiciones fundamentales para iniciar un proceso de acumulación  programática.

Creemos que algunos de los ejes centrales de la elaboración programática estriban en:

* Cambios en la matriz de relaciones sociales de producción. Condiciones para la potenciación y desarrollo ampliado de la economía autogestionaria y asociativa con el Estado.

* Desarrollo de la tesis del trabajo socialmente necesario como política de pleno empleo.

* Cambios en la matriz productiva y expansión y fortalecimiento de la función de las empresas públicas.

* Defensa irrestricta de los bienes comunes y del patrimonio público. Avanzar decididamente en la propiedad social de factores estratégicos para la vida: el suelo, el agua, las semillas, la energía.

* Defensa de todos los derechos económicos, sociales y culturales de nuestro pueblo. Condiciones para el acceso sostenible a esos derechos bajo el principio orientador de la des-mercantilización las relaciones sociales, particularmente en la educación, la salud y la vivienda.

* Por una política salarial integral que contemple la satisfacción efectiva de los bienes salarios que componen la canasta de consumo de las y los trabajadores. En tal sentido un eje programático pasa por la construcción de un Plan de Abastecimiento Nacional, que incluya entre otros conceptos, garantizar el acceso a la vivienda.

* Desmercantilización de la seguridad social. Fortalecimiento de la seguridad social bajo el principio de la solidaridad social e intergeneracional.

*Avanzar en la descentralización de los recursos públicos hacia el interior del país, particularmente hacia los sectores insertos en el interior rural. Es de primer orden de importancia favorecer el recambio generacional.

* Avance sobre el espacio fiscal ocioso y particularmente sobre la renta de la tierra. Incremento de impuestos a las grandes extensiones de tierra.

* Lucha central, general y sistemática contra el empobrecimiento cultural de nuestro pueblo. Plan de estímulo a la cultura, su acceso y usufructo. Plan de educación en servicio para todos los asalariados como derecho universal.

* Combate frontal a toda violencia que refuerce desigualdades y relaciones opresivas. Plan de acción contra la discriminación y las desigualdades de género.

* Combate a la impunidad. Continuidad de la lucha por verdad, justicia y reparación.

 

 

[1]  Para esto son claves instrumentos como la OMC, los tratados de libre comercio y de protección de inversiones, organismos judiciales internacionales como el CIADI, etc.

[2] Informe sobre la Desigualdad Global 2018. World Inequality Lab

[3] Según un estudio conjunto de las universidades de Noruega, Copenhague y Berkeley (California), un 9.8% del PIB mundial se encuentra “escondido” en los paraísos fiscales.

[4] Informe de Tami Luhby, de CNNMoney.

[5] Informe “Una economía para el 99%”. Oxfam Intermón

[6] Panorama Social de América Latina. CEPAL

[7] La remisión de utilidades pasó de 488 a 1537 millones de dólares entre 2003 y 2012.